Edificios de vidrio y el deber de la arquitectura | Artículo revista MásDeco

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///La Tercera – MásDeco, 25 de Noviembre 2017.

El exceso de energía que consumen estos edificios para su climatización y el impacto en la vida urbana y ecosistemas por el aumento de la temperatura exterior y reflexión de la luz han llevado a tomar conciencia entre los entendidos y a buscar soluciones, como segundas pieles o fachadas variables para mitigar los efectos.

 

El artículo de la revista Más Deco del diario La Tercera discute los efectos negativos de los edificios vidriados respecto al consumo energético para lograr confort climático para quienes trabajan al interior de estas construcciones.

 

Las fachadas de vidrio nacen en el norte de Europa. En ese contexto de frías temperaturas y baja radiación solar, el uso del vidrio permite recibir la energía del sol, acumularla y mejorar el confort térmico al interior. “Cada ciudad y sus edificios deberían responder a su entorno climático. El uso de este material es preferible en las latitudes más extremas, mientras que más cerca de la línea del Ecuador, como es el caso de Chile, es preferible aumentar la masa térmica del edificio y reducir el uso de vidrio”, explica el arquitecto Claudio Vásquez, socio del Estudio Alinea. Si bien las fachadas livianas están representando un dolor de cabeza para muchos, especialmente por sus elevados costos de mantención, el arquitecto Francisco Godoy aclara que en Chile hay muy buenos ejemplos como alternativas a la fachada vidriada, que ponen el foco en la reducción del gasto energético. “El más conocido es el edificio Consorcio, de Borja Huidobro y Enrique Brown, el cual a través de una celosía exterior permite el crecimiento de una enredadera caduca, que permite el acceso del sol en invierno y lo bloquea en verano. El Centro de Innovación UC / Anacleto Angelini, de Elemental, propone ubicar la masa del edificio en el perímetro, tener ventanas retranqueadas y un patio central que permita ventilar e iluminar la totalidad del edificio, sumado a una potente propuesta estética. Por último, el Edificio Simonetti, de Cristián Undurraga, plantea una piel de piedras de cuarzo, la cual controla la temperatura sin reducir la iluminación natural interior. Estos edificios pueden llegar a reducir su consumo hasta en un 50% con respecto a los edificios de fachada de vidrio, consumiendo entre 15 y 30 kwh/m², versus 60 y 90 kwh/m²”.

Al respecto, el arquitecto Claudio Vásquez es enfático en opinar que el vidrio no es el principal problema en este tema, sino cómo lo abordan los arquitectos. “El vidrio es un material irreemplazable, del cual depende el correcto desarrollo de todo el potencial energético que tienen las fachadas; nada podría ser hecho sin el vidrio. En contextos como Santiago, donde se tiene tanto sol disponible, lo que uno tiene que aprender a hacer no es a bloquearlo, sino más bien a administrarlo. Analizar cuáles son las variables que entran en juego. La situación que tiene el edificio por fuera tanto de clima, como de contexto, como la distribución que se hace por dentro. Por ejemplo, hay edificios mal pensados donde las plantas libres están dispuestas justo donde llega más el sol…”. En ese sentido, el arquitecto cree que las barreras más que económicas son tecnológicas, “encontrar soluciones que sean capaces de aprovechar bien la energía solar”. Apuntando a dar respuestas a estas falencias es que Vásquez se encuentra desarrollando un proyecto FONDECYT desde el 2015, junto al Grupo de Estudio de Arquitectura y Fachadas de la Escuela de Arquitectura de la PUC (GEAF UC), para encontrar soluciones de fachada variable que funcionan con energía solar. 

 

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